No seáis como el caballo o la mula, brutos irracionales, que no tienen entendimiento; cuya boca debe ser retenida con freno y freno, para que no se acerquen a ti, es decir, sin la ayuda de tales medios, sin fuerza, es imposible controlar y dirigir animales brutos. La obediencia de los creyentes, pecadores arrepentidos como son, es una obediencia lista y voluntaria.

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