Porque él se lisonjea ante sus propios ojos, hasta que su iniquidad resulta odiosa; es decir, vicio, maldad, maldad, adula al impío ante sus propios ojos, haciendo que el pecado sea agradable y atractivo, para hundirlo en la culpa por su odio a los justos, pues ese es el clímax de su maldad.

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