Ahora comenzamos la segunda parte del primer círculo de profecía, que contiene las profecías durante los reinados de Jotam y Acaz. Cuando Uzías murió, Isaías fue llamado al ejercicio de un ministerio más amplio y fue preparado para ello por la visión especial que se le concedió.

Esta visión del Señor estuvo llena de gracia y gloria. La majestad del Altísimo se manifestó en el trono elevado y ocupado, en el canto solemne de los serafines y en el terremoto que hizo temblar los cimientos mismos de los umbrales. La revelación de la gracia es tan notable como la de la gloria. En respuesta al grito de necesidad del profeta, uno de los serafines cantantes le lleva un carbón encendido del altar, y su pecado es expiado.

Es una maravillosa revelación de la verdad acerca de Dios. El centro de toda adoración adoradora, sin embargo, escucha el suspiro del pecador en su necesidad, y el canto de la adoración de un serafín cesa para que el suspiro del pecador pueda ser respondido.

Después de esta visión, la voz del Señor llama a un mensajero, y el profeta, limpio de su pecado, responde. Luego es comisionado para el ministerio de juicio. En respuesta a una pregunta de su parte, se pronuncia una palabra que limita el juicio y revela que el propósito de Dios en su pueblo no es frustrarse por completo.

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