Este cántico, tan lleno de belleza, marca otra etapa en el acercamiento del adorador, ya que expresa su seguridad de la presente ayuda de Jehová. El cantor aún se encuentra lejos del lugar de culto designado, levantando la mirada hacia las lejanas montañas. Sin embargo, no está lejos de Jehová. Bajo la custodia de Jehová, aunque lejos del centro de la adoración externa, el peregrino se da cuenta de su seguridad. Alza sus ojos anhelantes hacia los montes de Sion, donde se encuentra la casa de su Dios, y pregunta:

¿De dónde vendrá mi ayuda?

No de esos montes, por preciosos que sean, sino de Jehová, que está con él incluso en el valle distante. Luego se dirige al corazón del cantante con palabras de consuelo y seguridad. Jehová mantiene a sus hijos a salvo, nunca durmiendo ni durmiendo en Su fiel vigilia.

Las majestuosas frases que describen el tierno cuidado de Jehová no necesitan explicación. Son el lenguaje común de todos los que conocen a Jehová. Estos dos salmos, que revelan la conciencia de la dificultad del exilio y la confianza del corazón en Jehová, se preparan para el estallido del próximo cántico para acercarse al lugar de adoración al amanecer.

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