"Así que ni el que planta algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento".

Entonces, aunque debemos apreciar adecuadamente lo que hacen los ministros, si lo hacen con humildad y fidelidad, debemos recordar, y ellos deben recordar, que son simplemente vasos terrenales. A veces, su trabajo prosperará y, a veces, parecerá que languidece (aunque la semilla crece en secreto). Todo dependerá de la actividad de Dios, sin la cual su trabajo es inútil. Y a veces parecerá prosperar el trabajo, que es un trabajo terrenal y no un trabajo celestial en absoluto. Pero todo lo que valga la pena que surja será obra de Dios, no de ellos. Se logrará mediante la palabra de la cruz, no mediante la palabra de los hombres.

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