7-36 Glorifiquemos a Dios en nuestras alabanzas. Edifiquemos y enseñemos a otros, para que los que no lo conocen sean llevados a adorarlo. Triunfemos y confiemos en Dios. Aquellos que glorifican el nombre de Dios tienen derecho a enorgullecerse de ello. Que el pacto eterno sea la gran fuente de nuestra alegría, recordando con gratitud a su pueblo antiguo. Proclamemos cada día su salvación, su salvación prometida en Cristo. Tenemos motivos para celebrarlo cada día, pues diariamente recibimos el beneficio, y es un tema que nunca se agota. En medio de las alabanzas, no olvidemos orar por los siervos de Dios que están en aflicción.

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