38-41 Que todos los que escuchen el evangelio de Cristo, sepan estas dos cosas: 1. Que por medio de este Hombre, que murió y resucitó, se os predica el perdón de los pecados. Vuestros pecados, aunque sean muchos y grandes, pueden ser perdonados, y pueden serlo sin ninguna lesión al honor de Dios. 2. Es sólo por Cristo que los que creen en él, y no en otro, son justificados de todas las cosas; de toda la culpa y mancha del pecado, de la que no podían ser justificados por la ley de Moisés. La gran preocupación de los pecadores convencidos es ser justificados, ser absueltos de toda su culpa y ser aceptados como justos a los ojos de Dios, pues si queda alguna carga sobre el pecador, está deshecho. Por Jesucristo obtenemos una justificación completa; porque por él se hizo una expiación completa por el pecado. Somos justificados, no sólo por él como nuestro Juez, sino por él como el Señor nuestra Justicia. Lo que la ley no pudo hacer por nosotros, por ser débil, lo hace el evangelio de Cristo. Esta es la bendición más necesaria, que trae consigo todas las demás. Las amenazas son advertencias; lo que se nos dice que vendrá sobre los pecadores impenitentes, tiene por objeto despertarnos para que tengamos cuidado de que no venga sobre nosotros. Arruina a muchos, que desprecian la religión. Los que no se maravillen y se salven, se maravillarán y perecerán.

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