26-33 Las cosas o personas dedicadas se distinguen de las cosas o personas simplemente santificadas. Las cosas dedicadas eran santísimas para el Señor y no podían ser recuperadas ni utilizadas para otros fines. Cualquier producción de la que se beneficiaran debía ser honrada con la décima parte, si podía aplicarse. De esta manera, reconocían a Dios como el dueño de su tierra, el dador de sus frutos, y a sí mismos como sus inquilinos y dependientes. Así le daban gracias por la abundancia que disfrutaban y le pedían su favor para que continuara. Se nos enseña a honrar al Señor con nuestros bienes.

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