35-40 Cuando atendamos a lo que las Escrituras declaran, en cuanto a la persona y los oficios de Cristo, seremos llevados a confesarlo como nuestro Señor y Dios; a obedecerlo como nuestro exaltado Redentor. Si el común de la gente oye estas cosas con gusto, mientras que los doctos y distinguidos se oponen, los primeros son felices, y los segundos dignos de lástima. Y como el pecado, disfrazado con una muestra de piedad, es doble iniquidad, así su condena será doblemente pesada.

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