Tenemos aquí la sentencia pasada sobre la mujer; está condenada a un estado de dolor y sometimiento: los castigos propios de un pecado en el que había gratificado su placer y su orgullo. Ella es puesta aquí en un estado de dolor; uno de los cuales sólo se ejemplifica en el de dar a luz a los hijos, pero incluye todas esas impresiones de dolor y miedo que la mente de ese tierno sexo es más propensa a recibir, y todas las calamidades comunes a las que están expuestas.

Dios es el que multiplica nuestros dolores, yo lo haré: Dios, como Juez justo, lo hace, el cual debe silenciarnos en todos nuestros dolores; Todos los hemos merecido a todos, y más; es más, Dios, como un Padre tierno, lo hace para nuestra necesaria corrección, para que seamos humillados por el pecado y destetados de él. Aquí se la pone en un estado de sujeción: todo el sexo, que por creación era igual al hombre, es por el pecado hecho inferior.

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