73. Tus manos me han hecho y moldeado. La declaración del profeta, que había sido creado por la mano de Dios, contribuyó en gran medida a inspirarlo con la esperanza de obtener el favor que él suplica. Como somos las criaturas y la obra de Dios, y como Él no solo nos ha otorgado un movimiento vital, en común con los animales inferiores, sino que además nos ha dado la luz de la comprensión y las razones, esto nos anima a Oremos para que nos dirija a la obediencia a su ley. Y, sin embargo, el profeta no invoca a Dios, como si tuviera alguna obligación para con él; pero, sabiendo que Dios nunca abandona la obra que ha comenzado, simplemente pide una nueva gracia, mediante la cual Dios puede llevar a la perfección lo que ha comenzado. Necesitamos la ayuda de la ley, ya que todo lo que es sólido en nuestra comprensión está corrompido; para que no podamos percibir lo que es correcto, a menos que se nos enseñe de alguna otra fuente. Pero nuestra ceguera y estupidez son aún más manifiestamente manifiestas, por el hecho de que la enseñanza no nos servirá de nada, hasta que nuestras almas sean renovadas por la gracia Divina. Lo que he dicho anteriormente debe tenerse en cuenta. Que cada vez que el profeta ora por entender que se le imparte, para que aprenda los mandamientos divinos, se condena a sí mismo y a toda la humanidad como en un estado de ceguera; para lo cual el único remedio es la iluminación del Espíritu Santo.

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