Saúl envió mensajeros para llevarse a David. Su odio implacable había abolido todo respeto y reverencia por Samuel (bajo cuya protección estaba ahora David) y por el colegio de los profetas, que era una especie de santuario para los que huían a él. Samuel de pie como designado sobre ellosInstruirlos y dirigirlos en sus santos ejercicios. Porque aunque profetizaron por inspiración divina, sin embargo, debían prepararse para ello de antemano y mejorarlo bien después, en lo que necesitaban el consejo y la ayuda de Samuel. Y mientras que algunos podrían fingir falsamente esos raptos, o el diablo podría transformarse en un ángel de luz, la presencia y el juicio de Samuel eran necesarios para prevenir y detectar tales imposturas. Además, Samuel, por su presente relación con ellos en esos santos ejercicios, los alentaría e incitaría a otros a codiciar esos dones y al desempeño de tales deberes religiosos. El Espíritu de Dios estaba sobre los mensajeros de SauloQue, al estar absortos en un éxtasis y dejar de ser dueños de sí mismos, sus mentes podrían estar completamente alejadas de su plan de apoderarse de David. Profetizaron a Dios alabado en himnos, por un impulso repentino, que no pudieron resistir.

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