II.
EL SÁBADO.

(1) Se acabó. - Los tres primeros versículos de este capítulo forman parte de la narrativa anterior y contienen su propósito divino. Porque el gran objetivo de este himno de la creación es dar la sanción del Creador al sábado. De ahí la atribución del reposo a Aquel que no se cansa, y de ahí también la descripción de las diversas etapas de la creación como días. El trabajo es, sin duda, ennoblecido por la descripción de la creación como obra realizada por Dios; pero el propósito más elevado de esta Escritura era aquello por lo que se apela a ella en el Cuarto Mandamiento, a saber, ennoblecer el descanso semanal del hombre.

Entre los acadianos, dice el Sr. Sayce ( Chald. Génesis. P. 89), el sábado se observaba - tan antigua es su institución - pero estaba conectado con el sol, la luna y cinco planetas, de donde incluso ahora los días del semana toman sus títulos, aunque los nombres de deidades escandinavas han sido sustituidos en este país por algunas de sus antiguas denominaciones latinas. Aquí se guarda contra toda tendencia idólatra, y el sábado es la institución del Dios Todopoderoso.

El anfitrión de ellos. - La palabra traducida anfitrión no se refiere a arreglos militares, sino a números reunidos en multitudes. Esta multitud abarrotada del cielo a veces se refiere a los ángeles, como en 1 Reyes 22:19 ; más a menudo las estrellas. Aquí es el anfitrión tanto del cielo como de la tierra, y representa las multitudes de seres vivientes que pueblan la tierra, los mares y el aire.

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