Versículo 68. Simón Pedro respondió...  Con su habitual celo y prontitud, hablando en nombre de todos, ¿A quién iremos? ¿Dónde encontraremos un maestro más bondadoso, un Redentor más poderoso, un Salvador más adecuado? Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Nadie puede enseñar la doctrina de la salvación sino tú mismo; y nadie puede conferir el don de la vida eterna sino tú mismo. Lector, permíteme preguntar, ¿a dónde vas? ¿Tiene el mundo-el diablo-la carne-las palabras de la vida eterna? ¿Estás dando la espalda a Dios y a Cristo? Por tus celosos servicios, ¿qué tiene Satanás para darte? La muerte, el infierno y la miseria eterna. ¡Oh, detente! Apégate a Jesús; él te dará esa felicidad que, en vano, buscas en los placeres del pecado.

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