REFLEXIONES

Cuán pocos, cuán pocos se precipitarían al ministerio sin ser enviados, sin llamar, sin ungir; ¿Estudiaron de cerca la comisión de Ezequiel, y reflexionaron bien sobre lo que el Señor aquí le dice, de demandar la sangre de las almas de su mano, si se les encuentra negligente e infiel? Seguramente es suficiente para hacer temblar el corazón del ministro más recto y concienzudo, no sea que después de toda su diligencia, algo se le pase por alto; algunas almas preciosas deben olvidarse; o por ignorancia o falta de atención, lo que es cojo debe apartarse.

Y qué tremendos juicios deben ser en el resultado final del ministerio de ese hombre, cuyo único objetivo no es ganar almas, sino el mundo; y como los indignos descendientes del viejo Elí, desean ser puestos en el oficio del sacerdote sólo para poder comer un pedazo de pan. ¡Gracioso Sumo Sacerdote y Obispo de tu Iglesia y de tu pueblo! envía hombres fieles a tu servicio, y da, como has prometido, pastores a tu santuario, según tu corazón y mente, que alimenten a tu pueblo con entendimiento y conocimiento. ¡Señor! Haz de ellos lo que quieras que sean, y toma tanto a los ministros como al pueblo, bajo tu propia enseñanza divina, para que sean hallados fieles, cuando vengas a llevarte a casa tu Iglesia, en el gran día de la cuenta.

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