REFLEXIONES

Dios Todopoderoso Espíritu, bendito sea tu santo nombre, por la exhibición abierta y señal que te complació hacer de ti mismo y de tu soberanía en la ordenación de Bernabé y Saulo para el ministerio de tu palabra. Tú, Dios misericordioso, preside con misericordia todas las asambleas de tu pueblo, y especialmente en la separación para el oficio sagrado de los ministros de tu Iglesia y de tu pueblo. ¿No has dicho que, teniendo en cuenta esta misericordia inefable, te daré pastores según mi corazón, que te alimentarán con conocimiento y entendimiento? ¡Con misericordia, Señor, hágase conforme a tu palabra, de manera eminente, en la actualidad y en la generación!

Señor, haz que el terrible juicio de Elimas disuada a los enemigos jurados de nuestro Dios y de su Cristo, de atreverse a oponerse a tus fieles siervos enviados. Y por la palabra de salvación que ha enviado nuestro Dios, estamos muy seguros de que nunca volverá a ti vacía; pero como has prometido, dale a tu pueblo la gracia de esperar su cumplimiento, porque debe cumplir tu voluntad y prosperar en aquello a lo que el Señor lo enviará.

¡Oh! precioso Señor Jesús! Haz que tu pueblo se regocije en tu salvación plena y consumada. Por ti, todos los que creen, son justificados de todas las cosas. Aquí, entonces, Señor, dale a tu pueblo la gracia de descansar. Que no haya nada vacilante, nada inestable en nuestra fe; mientras que todo en el pacto de gracia es ordenado y seguro en todas las cosas. ¡Oh! por fe, en un ejercicio vivo, para creer el testimonio que Dios ha dado de su amado Hijo.

En perfecta paz guardarás a aquel cuyo pensamiento está en ti, porque en ti confía. Por tanto, todos tus fieles de este tiempo, como los discípulos de la antigüedad, sean fuertes en la gracia que es en Cristo Jesús y, como ellos, sean llenos de gozo y del Espíritu Santo.

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