REFLEXIONES.

¡Sobre! tú, que tenías la forma de DIOS, y para quien no era un robo ser igual a DIOS. dame a ver la bendición de tu humillación, al condescender a trabajar por tu pan de cada día, a fin de quitar toda la maldición de la caída, al convertirse en una maldición para tu pueblo. Tú, amado SEÑOR, da gracia a toda tu familia pobre y afligida, para que aprendan la bendición de ser conforme a tu hermosa imagen en todas las cosas.

Que todos tus siervos enviados aprendan por tus apóstoles cómo regresar a JESÚS y exponerle el relato de su ministerio. En la terrible historia de Herodes, da gracia a todo tu pueblo, para saber valorar la paz mental en JESÚS, que nada de la grandeza de este mundo puede procurar. Y mientras tus redimidos contemplan a su DIOS y SALVADOR, alimentando a miles en abundancia con una provisión escasa, y sanando a todos los enfermos con una palabra hablando; ¡Oh! que ni la pobreza ni la enfermedad provoquen un momento de temor en el corazón de tu pueblo.

¡Precioso SEÑOR! te das cuenta, día a día, de tu presencia llena de gracia y refrescante para nuestras necesidades. Y ¡oh! por la gracia de tener tales puntos de vista del CRISTO de DIOS, y de los escogidos de DIOS, como DIOS el PADRE lo ha establecido, en la palabra de su gracia; y entonces todos los benditos efectos de la salvación serán disfrutados por sus redimidos, en aldeas, ciudades y países de la tierra; como los redimidos disfrutan ahora en la ciudad de nuestro DIOS en el cielo.

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