REFLEXIONES

Aquí, alma mía, aprende una lección del siempre bendito Jesús, el Señor de David, cómo clamar a Dios como tu Roca, tu Jesús, tu salvación segura. No se callará a este clamor, porque ha dicho: Antes que mi pueblo llame, responderé. Y aprende además, que tu oráculo, al cual debes acercarte, es un lugar seguro para escuchar a los pobres pecadores, y un lugar seguro de respuesta de Dios en Cristo para los pobres pecadores. La liberación debe llegar en el tiempo señalado por Dios y en la forma señalada por el Señor. Que canten los habitantes de la Roca, incluso los que habitan el refugio en Jesús.

¿Y no querrás, alma mía, con el hermoso ejemplo de este Salmo, cerrar cada oración con alabanza? ¿Qué, jamás será testigo contra ti un propiciatorio, de que te fuiste sin dar gracias al Señor? Prohibido, misericordioso Señor. Seguramente lo sabes, en verdad no puedes, pero sabes, nunca se hizo una petición en el nombre de Jesús sin ser escuchada; ni nunca quedó sin respuesta, aunque no siempre según nuestro deseo de las cosas, ni en el tiempo ni en la manera, sino según el propósito de Dios, cuyas promesas son todas sí y amén en Cristo Jesús.

Aprende entonces, alma mía, una de las más dulces muestras de un espíritu de gracia y súplica, con acción de gracias en la oración, que las bendiciones siguen a la oración, tan adecuadamente como las misericordias se devuelven a la súplica. Sí, Señor, desearía gracia en todo para dar gracias; y como esta bendita escritura lo expresa, en este Salmo, así yo, en cada nuevo acercamiento al trono de la gracia, seguiría la misma doxología devota, y diría: El Señor es mi fuerza y ​​mi escudo: mi corazón confía en él, y soy ayudado; por tanto, mi corazón se regocija mucho, y en mi cántico lo alabaré.

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