REFLEXIONES

¡Lector! Detengámonos los dos en este primer capítulo del Profeta: y pidamos gracia para bendecir a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, por la gracia manifestada por cada uno, y por todos, en su oficio, carácter, y obra, en el glorioso pacto de redención, como se establece con la mayor bendición en esta preciosa porción de la profecía.

Ciertamente, Padre Todopoderoso, nada puede mostrar más plenamente la ternura de tu corazón y el sonido de tus entrañas hacia la Iglesia, que en tus respuestas llenas de gracia, contenidas en este Capítulo, a todos los méritos e intercesión prevalecientes de tu amado Hijo.

Y seguramente tu Iglesia, bendito Jesús, debe perderse en todo sentido de amor y afecto, si las opiniones que aquí se exponen de ti, en tu inigualable condescendencia, al descender entre los mirtos de este mundo inferior para nuestra salvación, no invoques todas las facultades del alma en adoración, apego y alabanza a tu gloriosa persona, tanto como Uno con el Padre, en la esencia de la Deidad, como uno con nosotros en nuestra naturaleza; hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne.

Y no menos encontramos motivo para mirarte con amor y alabanza, Espíritu santo y eterno, que de tu propio poder soberano y divinidad, y en tus compromisos de pacto, como el Consolador de la herencia del Señor, has dado tales un testimonio precioso del mismo cuidado supervisor sobre los intereses presentes y eternos de los redimidos, como se muestra aquí, por el nombramiento del ministerio de tu santa Palabra, al familiarizar a la Iglesia con las cosas maravillosas de la salvación.

¡Granizo! santo, santo, santo Señor Dios Todopoderoso! en tu triple carácter de Persona, mientras existes en la unión de la Deidad. ¡Toda la Iglesia, en el cielo y en la tierra, te alabe! Y bendita sea para siempre esa sabiduría de Dios, en un misterio, por la cual podemos acercarnos al Señor y lo hacemos, en y a través de la gloriosa mediación de un intercesor Todopoderoso. ¡Bendito, bendito por siempre Dios, por Jesucristo! Amén.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad