Significado. El testimonio de la creación no conoce fronteras: el Dios soberano ha hecho que su gloria resuene «por toda la tierra», dejando a todos los hombres sin excusa.

Contexto. El Salmo 19 es un cántico de David, el rey y dulce salmista de Israel, dirigido al director del coro. Compuesto para el pueblo del pacto, contempla dos grandes libros de Dios: la revelación general en los cielos (vv. 1-6) y la revelación especial en la ley del Señor (vv. 7-14). El versículo 4 cierra la primera estrofa, describiendo el alcance universal del pregón silencioso de los cielos antes de presentar al sol como figura de su esplendor.

Explicación. David afirma que «por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras». El término traducido «voz» o «línea» (qaw en hebreo) evoca una medida que se extiende sobre toda la creación; los cielos no hablan con sonidos audibles (v. 3), pero su mensaje se propaga universalmente. Desde una perspectiva reformada, esto confirma la doctrina de la revelación general: Dios se manifiesta de manera clara y constante a través de sus obras, de modo que ningún ser humano puede alegar ignorancia. Sin embargo, esta revelación basta para condenar, mas no para salvar; solo la revelación especial, culminada en Cristo, comunica gracia salvadora. La soberanía divina se muestra al fijar al sol «un tabernáculo», recordándonos que aun los astros sirven al designio del Creador.

Referencias relacionadas. Pablo cita este versículo en Romanos 10:18 aplicándolo a la difusión del evangelio. Compárese con Romanos 1:19-20, donde la creación deja a los hombres «sin excusa»; con el Salmo 8:1 y el Salmo 97:6, que proclaman la gloria de Dios en los cielos; y con Hechos 14:17, donde Dios «no se dejó a sí mismo sin testimonio».

Aplicación práctica. Vivimos rodeados de un sermón perpetuo que ninguna noche silencia. Levantemos los ojos al firmamento y dejemos que su testimonio nos conduzca a la adoración, no a la idolatría de la criatura. Y puesto que la creación condena pero no salva, esto debe encender nuestro celo misionero: la misma palabra que recorre el mundo en los cielos debe ser proclamada en el evangelio, para que los hombres no solo conozcan al Creador, sino que lo abracen como Redentor en Cristo.

Para reflexionar. Si los cielos predican sin cesar la gloria de Dios a todos los pueblos, ¿con cuánta mayor diligencia debería yo anunciar el evangelio que sí tiene poder para salvar?

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