Significado. Cuando los enemigos se multiplican y el alma se siente acorralada, el creyente eleva los ojos al Altísimo, porque la grandeza de Dios sobrepasa el furor de todos los que lo combaten.

Contexto. Este salmo es atribuido a David, según el encabezado, en ocasión de haber sido apresado por los filisteos en Gat (cf. 1 Samuel 21:10-15). David huía de Saúl y cayó en manos de otro enemigo, fingiéndose loco para salvar su vida. El versículo 2 (numerado v.1 en algunas versiones) pertenece a una súplica dirigida a quienes vivían bajo amenaza constante, recordando que el pueblo del pacto siempre ha hallado en la fidelidad de Dios su refugio en medio de la persecución.

Explicación. El salmista clama: «todo el día me pisotean mis enemigos, porque muchos son los que pelean contra mí, oh Altísimo». El verbo «pisotear» evoca un asedio incesante, sin tregua. Frente a la multitud de adversarios se levanta un solo nombre: «Altísimo» (en hebreo, Elyón), título que proclama la soberanía absoluta de Dios sobre todo poder hostil. La fe reformada subraya aquí que el número de enemigos no altera el decreto del Señor; quien gobierna providencialmente cada circunstancia no abandona a los suyos. La angustia es real, pero se confiesa en presencia del Dios que reina, de modo que el lamento mismo se convierte en acto de adoración y confianza.

Referencias relacionadas. Comparemos con el Salmo 3:1-3, donde David también enfrenta a «muchos» que se levantan contra él y, sin embargo, halla en Dios su escudo. Romanos 8:31 resume el consuelo del pacto: «si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?». La angustia de David anticipa la del Mesías, despreciado y rodeado de adversarios (Salmo 22; Hechos 4:25-28), que confió plenamente en el Padre.

Aplicación práctica. Hoy el creyente también es «pisoteado» por presiones, calumnias o temores que parecen no cesar. La respuesta no es medir nuestras fuerzas contra la multitud de problemas, sino dirigir el clamor al Altísimo, cuya gracia soberana sostiene a sus elegidos. Cuando la ansiedad nos asalte, llevemos la queja a Dios en oración, confiando en que ningún enemigo escapa a su control ni puede frustrar su propósito de salvación en Cristo.

Para reflexionar. ¿Estás contando el número de tus adversarios, o estás contemplando la grandeza del Altísimo que los tiene a todos bajo su dominio?

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