Significado. Dios ha hablado de manera definitiva, y lo que el creyente escucha es esto: que el poder pertenece a Dios solo, de modo que toda fuerza verdadera tiene su origen y su límite en Él.

Contexto. El Salmo 62 es un salmo de David, dirigido «al músico principal; sobre Jedutún», compuesto probablemente en medio de la oposición de enemigos que buscaban derribarlo de su dignidad (vv. 3-4). En lugar de apoyarse en alianzas humanas o en su propio trono, David instruye a la congregación de Israel a esperar en Dios en silencio, contrastando la vanidad del hombre con la roca firme de la salvación divina. El versículo 11 corona el salmo con una declaración solemne sobre quién posee realmente el poder.

Explicación. La fórmula «una vez habló Dios, dos veces he oído esto» es un recurso hebreo de número graduado que subraya la certeza absoluta y la suficiencia de la revelación divina: Dios no necesita repetirse, pues su palabra es firme y verdadera. El contenido oído es que «el poder es de Dios» (en hebreo, ‹oz›, fortaleza soberana). Desde la perspectiva reformada, esto no es una afirmación abstracta sino confesional: el poder pertenece exclusivamente a Dios, lo cual establece su soberanía sobre toda criatura, sobre reyes y enemigos, sobre la vida y la muerte. Aquí descansa la doctrina de la gracia, porque si todo poder es suyo, también lo es el poder de salvar; ningún brazo humano añade nada a la obra de Dios. La firmeza de la palabra revelada anticipa la suficiencia de las Escrituras que la confesión de Westminster sostiene.

Referencias relacionadas. El tema resuena en Salmos 62:12, donde al poder se une la misericordia divina; en 1 Crónicas 29:11-12, donde David proclama que «tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder»; en Romanos 13:1, que afirma que no hay autoridad sino de parte de Dios; y en Apocalipsis 19:1, donde la salvación, la gloria y el poder se atribuyen al Señor. En Cristo, «poder de Dios y sabiduría de Dios» (1 Corintios 1:24), esta verdad alcanza su plenitud pactual.

Aplicación práctica. En un mundo que confía en la influencia, el dinero y la fuerza propia, el creyente está llamado a descansar en que solo Dios tiene poder verdadero. Esto libera del temor a los poderosos y de la ansiedad por controlarlo todo, pues quien gobierna el universo también sostiene cada detalle de nuestra vida. Cuando la oposición parece abrumadora, recordemos que Dios ya habló: el poder le pertenece, y por tanto nuestra esperanza no es presunción sino confianza fundada en su carácter inmutable.

Para reflexionar. ¿En qué fuentes de poder humano estás apoyándote hoy, y qué cambiaría en tu corazón si descansaras plenamente en que el poder pertenece solo a Dios?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad