Significado. Dios posee tanto el poder absoluto como el amor fiel, y desde esa plenitud retribuye a cada uno según su obra: nada escapa a su soberana justicia ni a su gracia.

Contexto. El Salmo 62 es un salmo de David, dirigido al músico principal Jedutún. En medio de enemigos que conspiran para derribarlo de su dignidad (vv. 3-4), David vuelve una y otra vez al reposo del alma en Dios como su única roca y salvación. El versículo final corona el salmo con una confesión doctrinal sobre el carácter de Dios, dirigida al pueblo del pacto que también es exhortado a confiar en él «en todo tiempo» (v. 8).

Explicación. El texto hebreo presenta una estructura de «dicho numérico»: «Una vez habló Dios, dos veces he oído esto». David subraya que estas verdades proceden de la revelación divina, no de la especulación humana. Lo que ha oído es doble: que «de Dios es el poder» (la soberanía omnipotente, su capacidad de salvar y juzgar) y que «de ti, oh Señor, es la misericordia» (el «jésed», su amor fiel y pactual). Para la teología reformada esta unión es decisiva: poder y misericordia no compiten en Dios, sino que se sostienen mutuamente. La cláusula final, «porque tú pagas a cada uno conforme a su obra», afirma la justicia retributiva del Soberano, sin contradecir la gracia, pues quien juzga con equidad es el mismo que se compadece de los suyos en Cristo.

Referencias relacionadas. La idea de que Dios paga según la obra reaparece en Job 34:11, Proverbios 24:12, Jeremías 17:10, Mateo 16:27, Romanos 2:6 y Apocalipsis 22:12. La unión de poder y misericordia se contempla plenamente en la cruz, donde Romanos 3:26 muestra a Dios como «justo y justificador».

Aplicación práctica. Frente a la ansiedad por la injusticia y la opresión, el creyente descansa sabiendo que el Dios todopoderoso no es indiferente: ve cada obra y retribuye con perfecta equidad. Esto nos libra de la venganza propia y nos invita a esperar en su tiempo. Y, por gracia, quienes están en Cristo confían en que su «obra» ha sido aceptada en el Hijo, de modo que el poder y la misericordia de Dios son ya su refugio.

Para reflexionar. ¿Busco mi seguridad en el poder y la misericordia de Dios reveladas en Cristo, o aún confío en mi propia fuerza y en mis logros para defenderme ante los hombres?

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