Significado. Esta breve nota editorial cierra el segundo libro del Salterio: «se acaban las oraciones de David». No es un suspiro de agotamiento, sino el sello de una esperanza que ya ha sido depositada en manos del Rey prometido.

Contexto. El Salmo 72 es atribuido a Salomón o compuesto en su favor, y figura entre las oraciones de David, el padre que suplica bendición sobre el reinado de su hijo. La frase del versículo 20 es una rúbrica añadida por los compiladores inspirados del Salterio, que marca el final del Libro II (Salmos 42 al 72). Los destinatarios originales eran el pueblo del pacto, Israel, que cantaba estas oraciones en su culto, recordando las promesas dadas a la casa de David.

Explicación. El término hebreo traducido «se acaban» (kalú) significa «están completas, consumadas». No describe el fin de la vida de oración de David, sino el cierre de una sección del cancionero. Sin embargo, leído pactualmente, este colofón es profundamente revelador: las oraciones del rey según el corazón de Dios culminan en la petición por un reinado universal, justo y eterno (versículos 8 al 17). David ora y luego calla, porque cuanto él pidió excede a Salomón y solo se cumple en el Hijo mayor de David. Desde la perspectiva reformada, vemos aquí la soberanía de Dios ordenando la historia redentora: las oraciones de su siervo no se pierden, sino que apuntan más allá de sí mismas, hacia Cristo, en quien todas las promesas son «sí» y «amén».

Referencias relacionadas. Compárese con 2 Samuel 23:1, donde se recogen «las palabras postreras de David»; con Hechos 2:30-31, donde Pedro declara que David, siendo profeta, hablaba del Mesías; y con Lucas 1:32-33, donde el ángel anuncia que Jesús reinará sobre la casa de Jacob para siempre. El reinado universal del versículo 8 resuena en Zacarías 9:10 y en Apocalipsis 11:15.

Aplicación práctica. Nuestras oraciones más nobles, como las de David, hallan su descanso cuando dejan de mirarse a sí mismas y se entregan al Rey que reina. Cuando el creyente intercede por justicia, por los pobres y por las naciones, está orando en sintonía con el corazón de Dios revelado en este salmo. Aprendamos a orar y luego a callar, confiando en que el Señor consumará lo que prometió. Toda petición fiel descansa, finalmente, en la suficiencia de Cristo.

Para reflexionar. ¿Están mis oraciones orientadas hacia el reinado de Cristo y la gloria de Dios, o se agotan en mis propios intereses?

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