Significado. El orgullo se convierte en el collar que adorna al impío, y la violencia, en su vestidura habitual; lo que ante Dios es vergüenza, ellos lo lucen como gloria.

Contexto. El Salmo 73 abre el tercer libro del Salterio y se atribuye a Asaf, uno de los directores del culto levítico establecidos por David. El salmista confiesa una crisis de fe (versículo 2): casi resbaló al contemplar la prosperidad de los malvados mientras él, que procuraba la integridad, sufría. Los destinatarios eran los fieles del pacto, tentados a dudar de la justicia y la soberanía de Dios al ver florecer a los que lo desprecian. En este versículo Asaf describe el carácter visible de aquellos cuya seguridad terrenal envidió.

Explicación. El hebreo dibuja una imagen vívida: el orgullo (gaaváh) los rodea como un collar ostentoso, y la violencia (jamás) los cubre como un manto. No es un defecto ocasional, sino una identidad asumida y exhibida con descaro. Desde una lectura reformada, el versículo desnuda la corrupción total del corazón no regenerado: lejos de ocultar su pecado, el impío lo adorna, porque ama las tinieblas. Tal arrogancia no escapa al gobierno soberano de Dios; el salmo enseñará luego (versículos 18-19) que el Señor los pone en resbaladeros. Aquí se nos recuerda que la prosperidad del malvado es una vestidura prestada, no la aprobación divina.

Referencias relacionadas. Compárese con Proverbios 1:9, donde la instrucción es «collar» de gracia, contraste deliberado con el collar de soberbia. La violencia como vestidura evoca a Génesis 6:11 y a Miqueas 2:1-2. El destino final de tales hombres se anticipa en Salmos 37:35-36 y se confirma en Lucas 12:16-21. Cristo, manso y humilde (Mateo 11:29), encarna lo opuesto a este versículo.

Aplicación práctica. Vivimos rodeados de modelos que exhiben el orgullo como virtud y la dureza como fortaleza. El creyente es llamado a no envidiar esa apariencia ni a medir el favor de Dios por la abundancia visible. En lugar de revestirnos de soberbia, debemos vestirnos de humildad (1 Pedro 5:5) y descansar en la soberanía de Aquel que juzga con rectitud. La fe madura, como la de Asaf, halla su respuesta en el santuario (versículo 17), donde la perspectiva eterna corrige la mirada terrenal.

Para reflexionar. ¿Qué «collares» y «vestiduras» admira hoy mi corazón, y estoy dispuesto a entrar en la presencia de Dios para que Él reordene lo que valoro?

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