Significado. La prosperidad de los impíos puede hincharlos hasta el punto de que su corazón rebosa de fantasías vanas; pero su abundancia es, ante el trono de Dios, una riqueza prestada que no asegura nada eterno.

Contexto. El Salmo 73 abre el tercer libro del Salterio y se atribuye a Asaf, levita y director de música en tiempos de David. Asaf escribe como un creyente que casi resbala (v. 2) al contemplar la holgura de los malvados frente a las aflicciones del justo. Sus destinatarios son los fieles del pueblo del pacto, tentados a dudar de la bondad de Dios cuando los soberbios florecen y los piadosos sufren.

Explicación. El texto dice: «Los ojos se les saltan de gordura; logran con creces los antojos del corazón». La imagen de la grasa (en hebreo, jélev) evoca saciedad, opulencia y una autosuficiencia que ciega. Los «antojos» o imaginaciones del corazón desbordan: poseen más de lo que su mente concibió desear. Desde la perspectiva reformada, esto revela la paciencia y la soberanía de Dios, que «hace salir su sol sobre malos y buenos». La prosperidad del impío no es señal de favor sino, a menudo, un juicio diferido; Dios permite que el reprobado se llene para que su propia abundancia testifique contra él. La gracia común sostiene al malvado por un tiempo, pero no lo redime.

Referencias relacionadas. Job 21:7-13 plantea la misma perplejidad ante el bienestar de los inicuos. Deuteronomio 32:15 advierte que Jesurún «engordó y dio coces». Lucas 12:16-21 retrata al rico necio cuyos graneros rebosan la misma noche en que pierde su alma. Filipenses 3:19 describe a aquellos «cuyo dios es el vientre». El desenlace del salmo (vv. 17-19) ilumina todo: en el santuario Asaf comprende el fin de los soberbios.

Aplicación práctica. Vivimos rodeados de éxito visible que no teme a Dios: fortunas, influencia y aplausos para quienes ignoran a Cristo. El creyente reformado no mide el favor divino por la cuenta bancaria ni envidia lo que pasa. Entremos al santuario, a la Palabra y a la comunión con Dios, para recuperar la perspectiva eterna y descansar en que nuestra herencia incorruptible está guardada en el cielo.

Para reflexionar. ¿Estás midiendo la bendición de Dios por lo que ves prosperar a tu alrededor, o por la herencia segura que tienes en Cristo?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad