Significado. Dios mismo lleva el registro de los pueblos, e inscribe entre los ciudadanos de Sion a quienes la historia tenía por enemigos. La gracia soberana convierte a Rahab y Babilonia en hijos nacidos en la ciudad de Dios.

Contexto. El Salmo 87 es un cántico de los hijos de Coré, dedicado a la gloria de Sion como morada escogida de Dios. Israel cantaba este salmo contemplando a Jerusalén no solo como capital política, sino como figura del pueblo redimido. El versículo 4 enumera naciones históricamente hostiles —Rahab (nombre poético de Egipto), Babilonia, Filistea, Tiro y Etiopía— y declara que también de ellas saldrán quienes conozcan al Señor, anticipando el alcance universal del pacto de gracia.

Explicación. El verbo «mencionar» o «hacer recordar» supone que es Dios quien registra y reconoce; no es mérito humano sino elección divina la que determina la pertenencia. Que Egipto y Babilonia, símbolos de opresión e idolatría, sean contados «entre los que me conocen», muestra que la salvación atraviesa toda barrera étnica por pura voluntad soberana. El término «conocer» implica relación pactual, no mera información. La frase «este nació allí» señala un nuevo nacimiento espiritual: el extranjero no se naturaliza por esfuerzo propio, sino que Dios lo declara nativo de Sion, prefigurando la regeneración que el Espíritu obra en los elegidos de toda nación.

Referencias relacionadas. Isaías 19:23-25 anuncia a Egipto y Asiria bendecidos junto a Israel; el Salmo 86:9 promete que todas las naciones adorarán; Gálatas 4:26 habla de «la Jerusalén de arriba» como madre de los creyentes; Hebreos 12:22-23 nos presenta al pueblo redimido inscrito en los cielos; y Apocalipsis 21:24-27 muestra a las naciones entrando en la ciudad santa, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero.

Aplicación práctica. Ningún pasado nos descalifica cuando Dios decide inscribirnos entre los suyos; la Iglesia es, por gracia, una comunidad de antiguos enemigos reconciliados. Esto humilla todo orgullo de linaje o tradición y alienta la misión: si Dios registra hijos en Babilonia, ninguna cultura ni persona está fuera de su alcance redentor. Recibamos al hermano de otro origen como conciudadano del cielo, y vivamos agradecidos de figurar en el registro divino.

Para reflexionar. ¿Descansa tu certeza de salvación en tu origen y tus méritos, o en el hecho de que Dios mismo, por pura gracia, ha escrito tu nombre entre los ciudadanos de Sion?

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