Significado. El salmista se confiesa abandonado entre los muertos, como quien ya está fuera del alcance de toda ayuda; sin embargo, aun ese clamor desde el abismo es oración dirigida al Dios soberano que sostiene la vida.

Contexto. El Salmo 88 es un masquil de Hemán ezraíta, entregado a los hijos de Coré, y constituye el lamento más oscuro del Salterio, pues no concluye en alabanza sino en tinieblas. Su autor, varón sabio mencionado en los días de David y Salomón, escribe desde una aflicción prolongada, posiblemente una enfermedad mortal, y habla en nombre del pueblo del pacto que sufre sin entender el silencio de Dios.

Explicación. La frase «libre entre los muertos» (en hebreo, jofshí) emplea irónicamente el término que designaba al siervo liberado de su amo; aquí no es libertad gozosa, sino el desamparo de quien ha sido separado de la comunidad de los vivos y, en su percepción, de la mano providente de Dios. El paralelo con los «que yacen en el sepulcro» y de quienes Dios «ya no se acuerda» no niega los atributos divinos, sino que expresa el sentir del creyente que, bajo la disciplina, experimenta la ausencia del rostro del Señor. La teología reformada lee aquí la realidad de la fe que clama en medio de la oscuridad: la soberanía de Dios no se suspende por el sufrimiento, y el santo angustiado sigue orando precisamente porque sabe que solo Dios puede rescatarlo del polvo.

Referencias relacionadas. Compárese con Job 14:13 y el clamor de quien anhela ser recordado en el seol; con el Salmo 22:1, donde el Mesías hace suyo el lenguaje del abandono; y con Lamentaciones 3:6. La esperanza que el salmo no pronuncia la cumple Cristo, «las primicias de los que durmieron» (1 Corintios 15:20), quien descendió a la muerte y resucitó, garantizando que ningún elegido queda olvidado (Juan 6:39).

Aplicación práctica. Este versículo legitima la oración del creyente que atraviesa la depresión espiritual y el silencio aparente del cielo. No toda fe verdadera canta; a veces solo gime. El santo no debe interpretar la oscuridad como abandono definitivo, pues el mismo hecho de seguir clamando «a ti, oh Señor» revela que la gracia sostiene la fe aun cuando los sentimientos la contradicen.

Para reflexionar. ¿Sigues acudiendo a Dios en oración aun cuando sientes que Él guarda silencio, confiando en que su fidelidad pactual no depende de lo que percibes?

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