Significado. Antes de que existieran los montes y la tierra, Dios ya era el refugio de los suyos; Él mismo, y no las cosas que ha hecho, es nuestra morada permanente de generación en generación.

Contexto. El Salmo 90 lleva en su título la atribución «Oración de Moisés, varón de Dios», siendo el más antiguo del Salterio. Brota del peregrinaje por el desierto, cuando una generación entera cayó bajo el juicio divino y el pueblo aprendió, entre tiendas que se levantaban y se recogían, que solo el Señor del pacto permanecía firme. Moisés dirige esta meditación a un Israel transitorio que necesitaba anclar su esperanza en el Dios eterno.

Explicación. El término hebreo traducido como «morada» (maʿon) evoca un lugar de habitación seguro y estable, no un edificio sino una Persona. La afirmación «de generación en generación» contrasta la fugacidad humana con la inmutabilidad de Dios, tema que domina todo el salmo. Desde la perspectiva reformada, este versículo confiesa la aseidad de Dios: Él existe por sí mismo, anterior a toda criatura, y su ser no depende de nada. Que Él sea «nuestro» refugio no es logro humano sino fruto del pacto soberano: el Señor escogió ser la habitación de su pueblo por pura gracia, sosteniéndolo a través de todas las edades.

Referencias relacionadas. El Deuteronomio 33:27 declara que «el eterno Dios es tu refugio», eco directo de la voz de Moisés. El Salmo 91:9 retoma la misma imagen del Altísimo como morada, y el Salmo 102:25-27 celebra al Creador que permanece mientras los cielos perecen. Hebreos 1:10-12 aplica esos versículos a Cristo, mostrando que el refugio eterno se nos revela plenamente en el Hijo, «el mismo ayer, hoy y por los siglos» (Hebreos 13:8).

Aplicación práctica. En un mundo de cambios vertiginosos, donde casas, trabajos y certezas se desmoronan, el creyente halla estabilidad no en sus circunstancias sino en el Dios que no muda. Cuando enfrentes pérdidas o el paso implacable del tiempo, recuerda que tu seguridad no descansa en lo que construyes, sino en Aquel que te sostuvo antes de que nacieras y te guardará más allá de tu muerte. Habita conscientemente en Él mediante la oración y la confianza diaria.

Para reflexionar. ¿Estás edificando tu vida sobre refugios pasajeros que el tiempo derribará, o descansas verdaderamente en el Dios eterno que ha sido la morada de su pueblo en todas las generaciones?

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