Significado. El salmista mide la brevedad de la vida humana frente a la eternidad de Dios: aun los años más largos terminan pronto, y lo que parece firme «se acaba presto, y volamos». Reconocer nuestra fragilidad es el comienzo de la verdadera sabiduría.

Contexto. El Salmo 90 lleva el título «Oración de Moisés, varón de Dios», siendo el más antiguo del salterio. Surge probablemente del peregrinaje por el desierto, donde toda una generación murió bajo el juicio divino sin entrar a Canaán. Moisés contrasta la eternidad del Señor, «desde el siglo y hasta el siglo», con la transitoriedad del hombre formado del polvo, dirigiéndose al pueblo del pacto que padecía las consecuencias del pecado.

Explicación. El versículo fija «setenta años» como la medida ordinaria de la vida, y «ochenta» para los más robustos; sin embargo, ese tiempo está marcado por «trabajo y fatiga». El término hebreo evoca aflicción y esfuerzo vano, recordando la maldición de Génesis 3. La frase «volamos» describe una partida veloz y silenciosa. Desde una lectura reformada, este límite no es accidental sino soberanamente decretado: Dios cuenta nuestros días (Salmos 139:16). La brevedad de la vida es a la vez juicio sobre el pecado y misericordia, pues impulsa al alma a buscar al Eterno y a apoyarse enteramente en su gracia.

Referencias relacionadas. Génesis 6:3 fija un límite a los días del hombre; Job 14:1-2 compara la vida con la flor que se marchita; Santiago 4:14 la llama «neblina que aparece por un poco de tiempo»; 1 Pedro 1:24 cita a Isaías sobre la hierba que se seca. La respuesta de fe se halla en Salmos 90:12: «enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría».

Aplicación práctica. En una cultura que niega la muerte y exalta la juventud, el creyente está llamado a vivir con sobriedad eterna. Contar nuestros días no produce desesperación, sino diligencia: invertir el tiempo en lo que permanece, atesorar en el cielo y descansar en Cristo, quien venció la muerte. Quien sabe que volará pronto aprende a soltar lo pasajero y a aferrarse a la herencia incorruptible.

Para reflexionar. Si tus días sobre la tierra son tan breves como un suspiro, ¿estás empleándolos para la gloria de Aquel que es «desde el siglo y hasta el siglo»?

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