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La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé que alguien se compadeciera de mí, y no hubo quién. Busqué consoladores, y no hallé ninguno.
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Además, me dieron hiel en lugar de alimento, y para mi sed me dieron de beber vinagre.
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Que les sea una trampa la mesa que tienen delante; lo que es para bien, que les sea de tropiezo.
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