El que te cubre de luz como de un manto; el que extiende los cielos como una cortina;

Que te cubres de luz como de un vestido. La gloria general puesta por Dios como una vestidura en la creación se transfiere aquí a un departamento, a saber, el llamado a la luz, con el cual comenzó la creación. La luz a la que se refiere no es esa "luz a la que ningún hombre puede acercarse", sino aquello que primero se desplegó en la creación, y que diariamente nos ilumina. Los participios hebreos implican acción continua. Dios perpetúa en su providencia diaria la obra que Él originó en la creación.

El que extiende los cielos como una cortina, como la cubierta extendida sobre una tienda, como el tabernáculo. Dios lo hizo el segundo día por su palabra con la misma facilidad con que se extiende la cortina de una tienda.

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