Aparta mi oprobio que temo, porque tus juicios son buenos.

Aparta mi oprobio que temo. El reproche del enemigo hace temer al suplicante que al final pueda acabar mal (cf.). O, que mi pecado y su castigo no se conviertan en oprobio de la verdad, y ocasionen blasfemias contra Dios (Cocceius), por parte del enemigo, quien culpará a los juicios y estatutos, y a la profesión de tu culto. (Riveto).

Porque tus juicios son buenos, no destructivos, sino salvadores y correctivos para tu pueblo.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad