Agripa tiene la misma curiosidad por escuchar a Pablo, como antes Herodes tenía al ver a Jesús. El nombre del apóstol, sin duda, se había vuelto lo suficientemente famoso como para llegar a los oídos y llamar la atención de Agripa. Ciertamente, la curiosidad no es el mejor motivo que una persona puede traer consigo para investigar la verdad religiosa: aun así, ocasionalmente puede resultar beneficioso. El rey estaba medio persuadido de abrazar la fe cristiana. Un mejor motivo, o una atención más seria, puede inducir a algunos a abrazar la verdad, que el accidente pudo haberles descubierto primero. (Haydock)

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