El Bautista sabía que los que participan en la guerra no son asesinos, sino ministros de la ley; no vengadores de injurias, sino defensores del bien público. Si hubiera pensado lo contrario, habría dicho: "desecha las armas, abandona el servicio, nunca golpees, mutiles o destruyas a nadie": estas no son las cosas que son culpables en los militares, sino su crueldad, su venganza, sus disposiciones implacables y sus ansias de poder. (San Agustín, lib. 22. cont. Faust.)

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