No entendieron esta palabra. Ellos entendieron bastante bien lo que significaba ser entregado en manos de sus enemigos y ser ejecutado; pero no podían comprender cómo Jesucristo, a quien sabían que era el Mesías y el Hijo de Dios, y a quien creían inmortal y eterno, podía sufrir la muerte o las afrentas y ultrajes de los hombres. Estas ideas parecían incompatibles; percibieron en ellos algún misterio, que no pudieron penetrar. (Calmet)

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