Este capítulo celebra una gran victoria y es profético del método del triunfo final. En los primeros trece versículos tenemos la apelación del profeta, en la que hay dos movimientos. En el primero, describe al enemigo, eleva su clamor a Dios y declara su confianza en Dios. En el segundo, hace su llamado, describe la necesidad y anuncia la respuesta divina.

A continuación se presenta una descripción gráfica del efecto que produce la conciencia de la presencia de Dios como de un fuego. Los pecadores tienen miedo. El justo habita seguro en medio de su fuego. En el resto del capítulo tenemos en detalle la respuesta de Jehová a la súplica de Su siervo. Es la visión del Rey y de la tierra. La venida del Rey significará la seguridad de aquellos que depositen su confianza en él. Reflexionarán sobre el terror, pero se habrá marchado y la ciudad estará tranquila y llena de paz.

El profeta entonces estalla en una descripción sumamente hermosa de la seguridad de la ciudad, entregada y gobernada por Dios. Jehová será para ella un río de defensa. En medio de ella administrará sus asuntos con justicia. Con tal Dios, todos los intentos del enemigo por vencer la ciudad son inútiles. En todas partes hay sanación para la gente, tanto física como espiritualmente.

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