Comenzamos ahora las profecías de paz, que también se dividen en tres divisiones, que tratan a su vez con el propósito de la paz (40-48), el Príncipe de Paz (49-57), el programa de paz (58-66).

Los primeros once versículos del capítulo cuarenta constituyen un prólogo de todo el Libro. Este prólogo se abre con una declaración que indica la carga de todo lo que vendrá a continuación. "Consolaos, consolaos, pueblo mío". Luego describe la construcción de un camino para Dios a lo largo del cual se moverá hacia el logro máximo, y cierra con una comisión para anunciar las buenas nuevas a Jerusalén de que Jehová actuará como un poderoso, pero con la ternura de un pastor.

En el resto del capítulo tenemos al profeta exponiendo la majestad de Jehová, que forma una introducción adecuada a todo lo que sigue. Esta majestad se describe esencialmente en su poderío, en su sabiduría y en la facilidad de su gobierno de las naciones. Luego se describe por comparación. Se declara la imposibilidad de hacer algo que represente a Dios, y se da una ilustración gráfica en el caso de la imagen tallada o del ídolo de madera. Finalmente se declara que se demuestra en la creación por el gobierno real en la tierra y en los cielos, y finalmente en su método de gracia con Israel.

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