Aquí tenemos el relato de la última señal realizada por Jesús según lo registrado por Juan, a saber, la resurrección de Lázaro. Muy hermosa a este respecto es la descripción del dolor de las hermanas y el método de nuestro Señor para tratar con cada una de ellas por turno. Su acercamiento a la tumba reveló algunas de las cosas más profundas de Su propia actitud. Estaba turbado por la presencia del pecado y la incredulidad que tuvo su expresión final en la muerte. No obstante, actuó con total autoridad y, como señal de su poder redentor, resucitó a Lázaro y lo devolvió a sus seres queridos.

Esta última señal levantó la oposición de sus enemigos a una actividad definida. La degradación de las cosas se ve en el hecho de que los principales sacerdotes, que eran saduceos, se pusieron en común con los fariseos en su acción contra Jesús. Fue en este punto que Caifás dio su consejo caracterizado por la astucia y su desprecio por Jesús. Como resultado, el consejo determinó la muerte del Maestro. Fue entonces cuando Jesús se retiró a "un país cercano al desierto", donde se detuvo un tiempo con sus discípulos.

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