Nuestro Señor pronunció ahora la gran alegoría de la vid. Ciertas palabras en él llaman nuestra atención, "la vid", "los pámpanos", "el fruto". Se enfatiza la estrecha interrelación entre estos, y nuestro Señor declaró: "Yo soy la Vid, ustedes son las ramas". La vid incluye raíces, tallos, ramas, hojas y frutos. Ninguna forma de hablar podría exponer más perfectamente la relación íntima entre Cristo y los suyos.

Al aplicar la verdad, los mandamientos del Señor se encuentran en un entorno extraordinario. El primero, "Permaneced en mi amor"; el segundo, "Amaos los unos a los otros". A este respecto, se ocupó del ministerio del Espíritu en esta aplicación.

Su relación con Él, que se asemeja a Él, debe traerles el odio y la persecución del mundo que ya le habían sido traídos. Jesús declaró que este odio era finalmente odio al Padre. La medida en que sus discípulos produzcan el fruto de su vida será la medida de su revelación del Padre, con su protesta contra la mundanalidad; y así debe ser la medida del odio del mundo hacia ellos. Sin embargo, en el Consolador habría un ministerio directamente para el mundo. Ese testimonio debe ser dado por el Espíritu en Su cooperación con la Iglesia.

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