Alguien llevó a nuestro Señor un relato de un suceso que parecía sugerir que los que sufrieron una catástrofe resultan ser "ante todo pecadores". Contradijo directamente ese punto de vista, y en ese sentido pronunció la gran parábola de la higuera, revelando los verdaderos principios de la vida.

Siguen tres retratos de cuerpo entero: de Jesús, en su actitud hacia esta mujer; del gobernante y su objeción; de la mujer misma, una hija de Abraham bajo el poder del mal.

Lucas vincula dos parábolas del Reino con el regocijo de la multitud por todas las cosas gloriosas que Él hizo. La primera, la parábola del árbol, enseña el crecimiento del Reino hasta convertirse en un gran poder; y el segundo, la parábola de la levadura, su corrupción.

Pasando por su camino nuestro Señor se afeitó que hay límites a la misericordia divina, que habrá quienes no podrán entrar. Serán los que son obradores de iniquidad. Es solo contra tal que la puerta se cierra.

Esa verdad es enfatizada por Su lamento sobre Jerusalén.

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