14-16 La iglesia es la casa de Dios; él habita en ella. La iglesia sostiene la Escritura y la doctrina de Cristo, como una columna sostiene una proclamación. Cuando una iglesia deja de ser la columna y la base de la verdad, podemos y debemos abandonarla, pues nuestra consideración de la verdad debe ser la primera y la más grande. El misterio de la piedad es Cristo. Él es Dios, que se hizo carne y se manifestó en la carne. Dios se complació en manifestarse al hombre, por medio de su propio Hijo que tomó la naturaleza de hombre. Aunque se le acusó de pecador y se le condenó a muerte como malhechor, Cristo resucitó por el Espíritu, y así quedó justificado de todas las falsas acusaciones con las que fue cargado. Los ángeles le sirvieron, pues es el Señor de los ángeles. Los gentiles acogieron el evangelio que los judíos rechazaron. Recordemos que Dios se manifestó en carne, para quitar nuestros pecados, redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo peculiar, celoso de las buenas obras. Estas doctrinas deben ser mostradas por los frutos del Espíritu en nuestras vidas.

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