15-25 Es honorable proteger y amparar a los débiles, siempre y cuando no sean malvados. A los prosélitos y convertidos a la verdad se les debe tratar con particular ternura, para que no tengan tentación de volver al mundo. No podemos honrar a Dios con nuestra sustancia a menos que se obtenga de manera honesta y honorable. No solo se debe considerar lo que damos, sino cómo lo conseguimos. Donde el prestatario obtiene o espera obtener, es justo que el prestamista comparta las ganancias; pero al que pide prestado para alimento necesario, se le debe mostrar compasión. Aquello que ha salido de tus labios como un voto solemne y deliberado no debe ser revocado, sino que debes guardarlo y cumplirlo puntual y completamente. Se les permitía arrancar y comer el grano o las uvas que crecían al lado del camino; solo que no debían llevarse nada. Esta ley indicaba la gran abundancia de grano y vino que tendrían en Canaán. Proveía el sustento de los viajeros pobres y nos enseña a ser amables con ellos, a estar listos para repartir y a no considerar que todo lo que se da se pierde. Sin embargo, nos prohíbe abusar de la bondad de los amigos o aprovechar lo permitido. La fidelidad en sus compromisos debe caracterizar al pueblo de Dios, y nunca deben aprovecharse de los demás.

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