1-8 Abraham estaba esperando para entretener a cualquier viajero cansado, ya que no se encontrarían posadas entre nosotros. Mientras Abraham estaba sentado, vio venir a tres hombres. Estos eran tres seres celestiales en cuerpos humanos. Algunos piensan que todos fueron ángeles creados; otros, que uno de ellos era el Hijo de Dios, el Ángel del pacto.

Lavar los pies es habitual en esos climas cálidos, donde solo se usan sandalias. No debemos olvidar a los extraños, ya que algunos han entretenido a los ángeles desprevenidos, Hebreos 13:2; no, el mismo Señor de los ángeles; como siempre lo hacemos, cuando por su bien entretenemos al menor de sus hermanos. Los modales alegres y complacientes en mostrar amabilidad son grandes adornos para la piedad. Aunque nuestro condescendiente Señor no garantiza visitas personales a nosotros, aun así, por su Espíritu, se para a la puerta y llama; cuando estamos inclinados a abrir, él se digna a entrar; y por sus graciosos consuelos, proporciona una rica fiesta, de la cual participamos con él, Apocalipsis 3:20.

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