4-9 En estos versículos hay un relato de los sufrimientos de Cristo; También del diseño de sus sufrimientos. Fue por nuestros pecados, y en nuestro lugar, que nuestro Señor Jesús sufrió. Todos hemos pecado y nos hemos quedado cortos de la gloria de Dios. Los pecadores tienen su amado pecado, su propia manera malvada, de la cual son aficionados. Nuestros pecados merecen todas las penas y penas, incluso las más severas. Somos salvos de la ruina, a la cual por el pecado nos hacemos responsables, al poner nuestros pecados en Cristo. Esta expiación debía hacerse por nuestros pecados. Y este es el único camino de salvación. Nuestros pecados fueron las espinas en la cabeza de Cristo, las uñas en sus manos y pies, la lanza en su costado. Fue entregado a muerte por nuestras ofensas. Por sus sufrimientos compró para nosotros el Espíritu y la gracia de Dios, para mortificar nuestras corrupciones, que son los que perturban nuestras almas. Bien podemos soportar nuestros sufrimientos más leves, si nos ha enseñado a valorar todo menos a la pérdida por él, y a amar al que primero nos ha amado.

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