29-36 Cristo prometió que se daría una señal más, la señal del profeta Jonás, que en Mateo se explica como la resurrección de Cristo, y les advirtió que mejoraran esta señal. Pero aunque Cristo mismo fuera el predicador constante en cualquier congregación, y obtuviera milagros diariamente entre ellos, sin embargo, a menos que su gracia humillara sus corazones, no aprovecharían su palabra. No deseemos más pruebas y una enseñanza más completa de la que el Señor se complace en ofrecernos. Debemos orar sin cesar para que se abran nuestros corazones y entendimientos, a fin de aprovechar la luz que disfrutamos. Y sobre todo cuidemos de que la luz que hay en nosotros no sea tinieblas; porque si nuestros principios rectores son erróneos, nuestro juicio y nuestra práctica lo serán aún más.

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