Así como el Señor dio a cada hombre. Dios otorgó a cada uno de sus ministros poderes de tal clase y alcance como correspondía a su ministerio. Por tanto, deben gloriarse sólo en Dios, no en Pablo o Apolos, sus ministros. Estos últimos no eran los señores o los autores de su fe, sino simplemente los instrumentos usados ​​por Dios. Así Anselmo, Ambrosio, Teofilacto.

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Antiguo Testamento