Verso Mateo 25:8. Nuestras lámparas se apagan... σβεννυνται, se apagan. Así, pues, es evidente que una vez estuvieron encendidas. Antes tenían corazones iluminados y caldeados por la fe y el amor; pero se habían apartado de la salvación de Dios, y ahora están excluidos del cielo, porque, por su descuido, han dejado que la luz que había en ellos se convierta en oscuridad, y no han solicitado a tiempo un nuevo suministro de la salvación de Dios.

Un rabino judío supone que Dios se dirige al hombre así: -Te doy mi lámpara, dame tu lámpara; si guardas mi lámpara yo guardaré la tuya; pero si apagas mi lámpara yo apagaré la tuya. Es decir, te doy mi PALABRA y mis testimonios para que sean una luz para tus pies y un báculo para tus pasos, para guiarte con seguridad por la vida; dame tu ALMA y todas sus preocupaciones, para que pueda defenderte y salvarte de todo mal: guarda mi PALABRA, camina por mis caminos, y yo guardaré tu ALMA para que nada la dañe; pero si pisoteas mis leyes, echaré tu alma a las tinieblas exteriores.

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