CONTENIDO

El Predicador todavía está siguiendo su discurso favorito sobre la vanidad de la vida humana, a través de este capítulo. Bajo diversas imágenes muestra las desilusiones de los hombres, al dirigir el corazón hacia la sabiduría.

Eclesiastés 8:1

¿Quién es como el sabio? ¿Y quién conoce la interpretación de una cosa? La sabiduría del hombre hace resplandecer su rostro, y la valentía de su rostro será cambiada.

Creo que la pregunta con la que se abre este Capítulo no puede dejar de traer al recuerdo del amable Lector, a Aquel que es en verdad la Sabiduría misma, y ​​en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento. ¡Precioso Jesús! Tu rostro resplandeció con un brillo infinitamente superior al de Moisés, cuando en el monte de la transfiguración y ante Pilato fuiste testigo de una buena confesión. ¿Y quién dirá qué gloria resplandecía en tu rostro, cuando los que vinieron a aprenderte, en el jardín, cayeron de espaldas en tierra delante de ti? ¡Oh! ¡Señor! Concédeme, como tus discípulos, en medio de todas las tinieblas que te rodean, contemplar tu gloria, la cual manifiestas en gracia, para que yo sea del feliz número que crea en ti para salvación del alma; Éxodo 34:29 ; Mt. 17: 2;1 Timoteo 6:13 ; Juan 2:11 ; Juan 2:11 .

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