REFLEXIONES

¿A quién miraré, bendito Jesús, sino a ti, como el glorioso Príncipe del que se habla aquí, y el soberano de tu Iglesia, tu casa y tu pueblo? Ciertamente, Señor, todas y cada una de las oblaciones son de tu propio costo gratuito, y tú eres la suma y sustancia de todas. En cualquier punto de vista que tus redimidos te contemplen, en cualquier período de tu Iglesia, eres considerado, eres el mismo: el Alfa y la Omega; el Señor de tu templo; el Profeta, Sacerdote y Rey.

A través de cada dispensación, sea Ley o Evangelio; bajo cada gobierno, en tu estado de sufrimiento y en tu estado triunfante; el reino de la gracia y el reino de la gloria: la Iglesia militante o la Iglesia victoriosa; el reino milenario o eterno; Tu dominio se extiende por todos, y tú eres sobre todos, ¡Dios bendito por los siglos! ¡Oh! entonces haz que todo hombre se incline ante ti, y toda lengua confiese que tú eres Jesucristo, el siempre bendito y glorioso Príncipe y Salvador, para gloria de Dios Padre. Amén.

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